jueves, 29 de abril de 2010

A que huelen las nubes...

Cuando me pregunten a que olía 2009 les diré que a cristales rotos, a nieve en la cuneta, con un toque de sol radiante camino del tanatorio de Chiclana de la Frontera. También haré un esfuerzo por recordar el silencio de la oficina recalentada ese mismo verano y los secretos que al guardarlos duelen como un nudo en la garganta. Claro que después hubo más, olor a vino blanco sobre el malecón de Alcoceber y un arroz al horno en Can Roig y olor a sal sobre las felices pieles de mis hijos. Pero lo otro dejó una impronta tensa y triste en todo lo demás que logró obturar mis chacras, mi alma, mi conciencia.
Sé que en 2010 cambiamos de ciclo, casi una obligación cósmica cada 7 años. Y que según el horóscopo de ABC, cuya lectura recomiendo en horas bajas, me ofrecerá este año “el oro y el moro”. Que bonito. Que suerte. Estoy encantada. Y además es que quiero estarlo. No me queda otra que reinventarme, limpiarme los chacras, en especial el dos, y retocarme sin falta el corte de pelo. El resto son cicatrices mal curadas.

2 comentarios:

  1. mi vertiente de cotilla indecente me hace formularme "¿secretos?", ¿hay algo que los demás no sepamos?
    pero más allá de ese traspiés disfuncional -I konw- enseguida me recoloco y sólo quiero decirte que una mierda, tú no tienes sino un aura buena, si es que ahora hay que emplear ese argot esotérico, porque de otra manera no hubieras supuesto el centro de gravedad permanente al que muchos hemos acudido en horas bajas para sofocar nuestras tendencias neuróticas. secretos aparte.

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  2. Nada, el secreto no tiene nada de éxótico. Cuando murió Gon, al día siguiente, me dijo mi socio que me cambiaban de división pero que no dijera nada...porque era un secreto...

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