jueves, 25 de febrero de 2010

La belleza

Aprovechemos esta lluvia gris, este silencio. Usurpemos el sentido cinematográfico que siempre tuvo una mañana gris de lluvia para evocar la belleza. Que nos salve, que no nos salve de lo que es peor que la lluvia y el silencio. Que nos salve, que no nos salve. Que nos convierta en lo que somos, lo que no somos, en aquello gris y lánguido, como la lluvia. Que nos convierta en cambio en esa variación de violín en la que los dedos hacen vibrar un mí de película. Y es como si de repente, volásemos en bimotor sobre los baobab en lugar de sobre los badenes asfálticos de las ciudades en crisis. Seamos valientes, seamos hermosos como un bodegón de porcelana china en la ventana, como el visillo que vuela, como un bimotor y los baobab afuera, agitando sus ramas como un vibratto de violín en la escena final.

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