jueves, 4 de febrero de 2010

Gonzalito

Gonzalo, a veces te veo subiendo el autobus, picando el billete con una especie de zurrón al hombro. Cabizbundo te acercas por el pasillo central pero no llegas, te diluyes, no eres tú. Otras veces te veo por la calle, a la hora del aperitivo, paseando un perro y me sorprende porque no es ninguno de tus perros. Siempre te veo en hombres delagos, de elegancia afilada con el descuido propio del que es elegante de nacimiento y nada tiene que justificar a los advenedizos.
Hay días corazón (ahora tú dices, "hay días ¿qué, higadillo?") hay días que veo tus ojos en el super, escogiendo las manzanas más relucientes y suculentas. -"Hace mucho que no hago manzanas asadas"-, dices.
Pienso en tu madre, Luz y en tu hermano Enrique, que estaba francamente abatido en tu funeral y no puedo ni imaginar como sobrellevarán el hecho de verte por todas partes y descubrir al rato que es imposible, que es como cuando uno siente que quiere rascarse la pierna amputada, un reflejo, un apego, una subversión porque seguimos pensando que nuestra vida es peor desde que ya no estás tú en ella.

1 comentario:

  1. sabes, es algo hermoso que te recuerden así; que sigas pululando por este mundo para los que te quieren.

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