miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ponte en mis zapatos

Hace ya algunos años leí un eslogan corporativo que interpelaba al empleado ¿te pones en los zapatos del cliente? La frase estaba acompañada de una foto en la que dos niños jugaban a eso, a ponerse zapatos que no eran suyos sino de otros con pies mucho más grandes. Ya entonces me gustó la idea porque significa empatizar y prestar un servicio al otro asumiendo que el tallaje sería diverso y que, en todo caso, eso no iba a ser un problema.
En las relaciones personales pasa igual. El otro día, charlando con mi marido, surgió la necesidad de profundizar en las razones del otro, en el dolor del otro, intercambiándose los zapatos.
Nos miramos y yo le dije -A mí me van a sobrar, y a tí te van a doler-.

2 comentarios:

  1. jajaja, me llevan doliendo unos años ya.... menos mal mi capacidad de abstracción.

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  2. Querido mítico, que lo sepa el mundo: eres una persona noble y auténtica, generosa y risueña a la que sencillamente le cuesta un poco calzarse zapatos del 38. Pero a tal limitación, te quiero muchisisimo.

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