viernes, 13 de noviembre de 2009

Epístola justiciera a toro pasado

Querido jefecillo, hoy recapitulo de todas las veces en que hemos hablado de tí, créeme, y no siempre mal.¿Te extraña? En realidad, yo también pongo hoy la misma cara de pocker que pondrías tú si leyeras esta epístola. Has tenido un protagonismo de todo punto injustificado en nuestras vidas. Injustificado, digo, porque no das para tanto. Lo único que te cualificó, y de forma coyuntural fue esa capacidad, nada desdeñable de influir en nuestra carrera profesional en el reconocimientos de méritos y otras prebendas.
Y es que uno, en ocasiones, ocupa más espacio del que geométricamente le corresponde, cosa que considero un cumplido, anyway, porque expandirse no es una propiedad habitual de los cuerpos, y en tu caso, es un mérito doble, porque, incluso, geométricamente, eres menudo. Otros cuerpos más largos y pasados han generado una influencia mucho menor e infinitamente menos horas de conversación que tu pequeña geografía.
Tu gran motor ha sido, sin duda, tu natural energía, tu incansable energía capaz de desgastarnos a todos, como un molino desgasta las puas.
Al tiempo, has sido un jefe encantador, sonriente y optimista, un auténtico encantador de serpientes. Aunque para ser justa, y esa es mi misión de hoy, has sido totalmente insensible a las horas de trabajo y a nuestros destinos y, francamente, creo que si has sonreido tanto, ha sido por la felicidad que te ha producido ensancharte a nuestra costa como un air bag contra el habitáculo, sin el más mínimo miramiento.
Hemos sido ranas, y la rana es rana, aunque esté baqueteada y el escorpión, escorpión, hasta el final.
Esa ha sido, finalmente, la razón de mi resistencia, mi recalcitrante intento de que no me engullas.
Ahora soy una mujer más madura, que comprende los procesos, las dinámicas corporativas y los juegos políticos más complejos. Pero, sincerelly, fuera de la oficina me habrías durado tres asaltos.
El capitalismo más oportunista y un cierto machismo posmoderno han corrido de tu parte. Pero poco más, sigo en mis trece, sin zanahoría que roer, jodida y radiante, totalmente libre de tu influjo.
Yours faithfully
Amelia

1 comentario:

  1. Y encima de capullo no se paga las cenas...... gorrón!!!!

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