viernes, 14 de enero de 2011

La moraleja del cuento de la sombra y la luna

Hace unos años, ni muchos ni pocos, no es cuestión de salir del anonimato generacional por exceso de pistas. Pongamos, por ejemplo, que tuviera 30 pelaos y mi antiguo jefe, llamemosle en adelante RS2D2, me hubiera prestado dos libros imprescindibles, una antología de Gil de Biedma y otro titulado "Vieja Amiga" de un tal Ortiz. Leí ambos libros muy motivada, en parte porque aún estimaba enormemente al sujeto y también porque siempre tengo las pupilas abiertas ante un buen poema. Sin embargo, la temática nostálgica y las constantes alusiones al paso del tiempo pronto me cansaron, dejándome un poso de desafección y la certeza de que esa no era mi historia.
Hoy, tras leer el post del mítico George "La sombra de Javi" he comprendido por qué el "Carpe Diem" de Biedma y Ortiz era un viaje de ida y vuelta: A la ida una apura la vida al vivirla y literalmente coge la rosa sin pensarlo. A la vuelta, apurada ya la juventud, una comienza a tararear la canción del "Puella amant rosas" y a decir cosas como: "Hay que vivir el presente".
En este sentido, mirar a un niño de la edad de Javi es como meterse en la máquina del tiempo, recordar los juegos con la propia sombra, correr hasta el portal compitiendo con el resto de viandantes y tener una absoluta indiferencia hacia el horario y el calendario porque eran tiempos en que lunes y viernes sólo eran palabras y uno no necesitaba ni sabía leer las horas.
La moraleja de este cuento es que los niños sonrien al descubrir su sombra, el mundo, las caras, las palabras, los colores porque desconocen el mundo tal y como es y las reglas que lo mueven. Se ríen a carcajadas porque alguien ha dicho caca y pis, porque están escondidos detrás de sus manos y luego deciden "aparecer". En definitiva, la solución es clara, hay que emprender un viaje a la luna, a marte, a saturno, a cualquier lugar donde reconquistarnos, donde debamos probar nuestro sprint, beber en pajita por diversión y escondernos en un armario, no con la intención de quedarnos dentro sino con la de ser encontrados a pesar de que el mundo real permanezca tal y como sea allá afuera.

3 comentarios:

  1. los días se me escapan entre los dedos como si fuesen líquidos. creo que estoy, desde hace ya unos cuantos años, en el viaje de vuelta, y lo único qe se me ocurre es pensar: "qué pronto, no??"

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  2. Pues hay que trabajar el viaje a la luna porque esta tierra nos hace viejas...jeje

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  3. Viajar con los ojos cerrados fue el mejor juguete que tuve. Hace días intente recupéralo y el viaje se torno en tragedia.

    Gracias Amelia por el cuento y por las reseñas literarias.

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