viernes, 25 de junio de 2010

Pena de muerte (una historia real no autobiográfica)

Lo que tengo que escribir ahora es más largo, mucho más largo, es la historia que sueña como las ramas del baobab, como la lluvia en el capot del coche mientras me explicas que te marchas. Yo sólo miro la carpeta de los apuntes y me niego a escuchar lo que me dices. Estás loco, no pienso escucharte. Tengo que pensar, tengo que pensar. Dame un poco de tiempo para pensar.
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Al final te has ido. Hoy me quedado pensativa mirando por la ventana mientras iban pasando por mis retinas hileras e hileras de pensamientos y petunias. Y más cuando en el e-pod ha sonado Segur Ros y yo estaba delante de la sede de esa empresa que pone las luces tan bonitas de navidad. Y me he acordado de tí. Y todo ha empezado a ir más despacio, como en la canción, hasta que hay una última nota de piano que hace….pin…¿sabes?

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He he levantado dolorida, físicamente y he llorado un poco. Pero no voy a decirselo a nadie porque está pena es clandestina.

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Recuerdo que una vez dijiste que si no estábamos juntos siempre tendrías una pena de muerte... Creo que mentiste, o por lo menos exageraste porque por Facebook me he enterado que tienes una novia que le gusta a tu madre. Puta.

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Ahora estoy saliendo con un policia. Es un tipo majo. Pero ni me planteo que te sustituya. He decidido que sea algo así como el guardaespaldas de mi pena de muerte. Bueno ya casi no estoy triste. Me lo paso bien y sigo con mi vida con dignidad. Ahora también escucho Cold Play para estar motivada como dice Pep Guardiola.

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