lunes, 3 de febrero de 2014

La luz

La luz, eso otro distinto a las sombras
Esa esfera gaseosa
esos dedos finos como estelas
ese abrazo cósmico en parábola.

Cómo se atrapa tal promesa áurea
asida sin cuerpo es los lugares que miramos de pasada.
En un párpado, por ejemplo, y su ojo infinitesimal
en el pliegue sísmico de algunas bocas.
En el hueco convexo de tu barbilla hoy.
En las interrogaciones, las exclamaciones y los vocativos.
Entre las hojas del castaño troqueladas hace un minuto.

Luz punzante a veces en las simas del estómago
Súbita en el rostro de todas las caras de sorpresa
de satisfacción, de amor,
presente siempre en el vértigo y el orgasmo
y reconocible por su característico destello metálico
y sus ondas expansivas.

Justo ahí, en realidad, donde no tenemos el tiempo
ni el hábito
de quedarnos.
Justo allí,
delante de nuestras narices umbrosas
se nos escapa la luz
miopes esperanzados
faltos de toda habilidad
y paciencia.
Porque de hecho, basta con quedarse a esperar
tranquilamente
para ser rebanados por la luz
para ser felices amantes refractados
ensanchados e importantes
sin otra prosopopeya mayor
que abrir  los ojos.

2 comentarios:

  1. Llega siempre.a veces, demasiado fugaz. Pero basta volver a esperar con la certeza de su vuelta.

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  2. La luz necesita las sombras y las sombras, sin duda, la luz...vamos tan deprisa que se nos olvida pararnos a verla. Y luego vienen los soponcios, los insomnios y lo peor de todo...el aburrimiento que es una especie de hueco que nunca se llena lo bastante.

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