miércoles, 6 de julio de 2011

No me etiquetes más

Suena a Jacques Brel y su ne me quitez pas pero es sólo una onomatopeya con idéntica voz desgarrada desde los confines del alma. No-me-e-ti-que-tes-más, diría Jacques desencajado, con el rostro enrojecido de urgencia y desesperación. Te lo pido por favor (y todos sabemos y por eso se lo enseñamos a los niños, que lo que se pide por favor no puede negarse), concédeme el don de la entropía, déjame ser una amalgama de cualidades no siempre bien engarzadas, pura contradicción, una outsider, si es preciso. Déjame ser lo que sea, sin etiquetas. Se lo digo al prójimo genérico, a quien quiera oírlo. No me digas que tengo que ser solidario y sostenible y de izquierdas en un mismo pack. No me digas que tengo que ser agresiva pero conciliadora. Que si lesbiana, moderna y guerrera, que sí gay extrovertido y escultural. Que soy mayor si no sigo a los Black Eye Peas o David Guetta o sí reconozco a los payasos de la tele y me se me de memoria las canciones de Mecano. Que tengo que ir con mi pegatina bien pegada al pechito para poder encajar. Los mayores, pasen a la derecha, ¿quieres un gin-tonic que es bebida para puretas? Yo voy a salvar al planeta del cambio climático, si no te importa, con mi nueva camiseta de cáñamo que reza “Be wáter my friend…pero reciclada”.
Las etiquetas están a la orden del día. Hay unas cuantas. La de “facha” está en desuso. Creo que “multicultural” se ha sustituido ahora por “diversidad” que es más bonita y autoexplicativa. Lo malo es cuando uno se pone la etiqueta de ser amante de lo diverso para despreciar al prójimo adverso, es decir, cuando se trata de aceptar lo que menos se nos parece, a aquel que no se pondría nuestra pegatina.
De las pegatinas de la progresía actual lo peor de los últimos tiempos es ser “neoliberal” y lo mejor: “la sostenibilidad”. A la sazón del tema, el otro día acudí a la presentación de un libro sobre sostenibilidad y riesgos globales con mi amiga Elena. Muchos clichés políticos flotaban en el aire, otro se rompían de pura naturalidad: Elenita y yo (¿que andarán urdiendo estas dos tan juntitas?) la pareja de diputados, del PP él, del PSOE ella, mi antiguo profesor amigo de ZP, Mister Pesc y Daniel Innerarity…casi ná.
La conclusión del ameno speech: había que cambiar el modelo de consumo y producción. Había que volverse sostenible. Y yo levanté la mano, con mi eterna pose de repelente niño Vicente ¿y la sostenibilidad del modelo social que descansa sobre el modelo productivo y que se financia con previsiones de ingresos sobre nuestro actual e insostenible modelo de consumo? Uy, no lo había pensado...pero es muy interesante eso que apuntas. Lo pensaré en otra vida. Como comprenderás con salvar el planeta de los males del neocapitalismo tengo bastante.
Por lo menos ahora tengo lo que los investigadores denominan un nicho, un espacio de reflexión libre de etiquetas, por ahora y enteramente por descubir. Así que voy a ver si reconduzco la reciente desazón que me provoca tener que atravesarme en metro Madrid en energía “librepensadora”, un toque “underground” y “postmoderno” (¿uy que lio pero tú no eras neoliberal?) y me pongo a armar las ideas, con la esperanza de debatir sin máscaras, sin etiquetas, ni frames, ni metáforas y salir, de paso a la luz, esa luz que vislumbro al final del túnel, radiante y jugosa como la lluvia.

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