miércoles, 1 de junio de 2011

Cocktail de ideas y dudas

En la época de la facultad vivía, aún más que ahora, sumida en una duda razonable. Entonces, cada día, Marx, Locke, Habermas o Adam Smith se batían el cobre con manos invisibles y leyes de la historia. Y el saber de esas personas me fascinada, me dignificaba, que digo, me convertía en cortesana de un reino dialéctico donde los argumentos convivían con las dudas y las fisuras eran el motor de la reflexión continua.
Al menos en el plano ideal el materialismo dialéctico resultaba tan solvente como la ciudad platónica pues tan contradictoria me parecía la lógica social como diversa la condición humana. Lo abstracto ideal y la tangibilidad de la historia eran para mí compatibles y yo estaba como loca de felicidad de rozar la verdad siquiera con la punta de los dedos.
Por eso me sigue costando al día de hoy suscribir idearios completos, militar o creer a pies juntillas. Pero me apunto a dudar de forma sistemática y a someter cada día mis ideas al juicio de la razón y la historia. Con cariño, sin prejuicios, con distancia. Espero que juntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario