domingo, 12 de diciembre de 2010

Heima

Hay lugares que invaden a las personas que viven en ellos. Y viceversa: hay tendencias humanas a vivir a través del paisaje y a evocarlo en las palabras, las danzas o las canciones. Es de lo que trata la película "Heima" de los islandeses Sigur Ros. "Heima" significa casa y es una gran y blanca metáfora de como una tierra llega a convertirse en notas como copos de nieve, gotas de agua y ráfagas de viento.
En el fondo era una nostalgia similar a los paisajes perdidos del nacionalismo, sólo que en una versión panteista con banda sonora de instrumentos primitivos y algún que otro juguete (by the way no os perdais a Enrique Amigó en Esfumato)
Pero quienes os acerqueis a Sigur Ros debereis saber que rezuman tristeza aunque a cambio nos ofrecen una experiencia vital colectiva bastante poco adulterada. El resultado es el atrevimiento de un puñado de tímidos patológicos de sentir la vida, sus vidas, y ofrecerlas públicamente en mitad de los frios páramos y los glaciares. Me cuesta imaginar algo más osado, un strip-tease más desnudo que desnudar el alma introvertida de un grupo de islandeses errantes que al fin regresan a sus casas, perdidas en mitad del frio mundo.
Me quedo con la esencia del mensaje, cuando uno encuentra una causa por la que sentir o mejor, cuando uno lograr sentir la sufientemente grande y buena causa que es la propia vida, uno debe inexorablemente bailar, escribir, conversar, aprender una nueva palabra, ruibarbo, por ejemplo, y permanecer vivo y sonoro aunque en ocasiones la canción suene melancólica porque no hay nada más triste, en verdad, que estar callado porque no tenemos ni siquiera algo hermosamente triste que contar.

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