miércoles, 22 de septiembre de 2010

Microbacterias y amor

Me desdigo, Caradeajo y yo no nos parecemos. No nos parecemos ni estética ni cósmicamente. Caradeajo es la típica neurótica refinada. No sólo no se levanta para cederte el sitio sino que en su lugar hace una cabriola insospechada (que resulta científicamente más cansada que una cesión clásica de asiento). Pero no sólo eso, le repugna tocar los asideros por lo que en vez de hacer tal cosa se reclina sobre el dorso de las muñecas con una suerte de desdén dieciochesco.
Descarto, pues, en ella, cualquier tipo de comportamiento afectuosamente externo, ni la languidez de reposar la cabeza en el cristal para ver los plataneros pasar, ni esa coqueta pose de algunas mujeres de descasar el brazo golgándolo por la mano en las barras transversales.
Cuando la miras sabes que va al mismo sitio de siempre. Me pregunto si cuando viaje a San Petesburgo lo mirará con la misma cara de siempre, si cuando recorra los arrozales de Laos pondrá la misma cara de ajo del que se siente rodeado de microbacterias y otros seres por los que no siente ni el más mínimo amor.
En verdad que en ella se hizo carne el paradigma de dejar de sentir a medida que uno crece pero la evolución del teorema en su caso debe preocuparnos a todos.
Andémonos pues vigilantes y pongamos algunas emociones a infusionar como el buen té y unos pocos, inofensivos y amorosos ácaros como colofón para un buen día.

2 comentarios:

  1. Este post si que lo he entendido...jajaja.. Y la verdad es que tienes razón y da pena esa gente que por sus ascos no viven la vida, no la disfrutan. Pero eso explica que ella es caradeajo y tu carapreciosa...tq

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