martes, 21 de septiembre de 2010

I know, I know, la evidencia clama al cielo, lo sé, -no pregunteis-, fue ayer, durante un capítulo de la serie infantil i-carly, una personaja (según Chomsky el lenguaje es innato y juro que esto me ha salido sin pensar...) va y dice: "lo bueno de mentir a menudo es que un día deja de doler".
Y es justo aquí cuando empiezo a pensar, es verdad, lo niños no lo saben pero yo, que ya no soy una niña, sí lo sé. Como el barbudo con camiseta rollo mercado de fuencarral (o de L.A) que pudo escribir ese trozo de guión de i-carly o idéntica versión femenina, como dice un amigo materialista antisecesionista, tipo new age, atea pero que cree en extraterrestes y espíritus, que hace danza del vientre y escribe trozos de guiones de i-carly. Ambos lo sabían. Pero la clave no es el hecho de que ese tipo de información permanezca oculta para los niños, esto es, que es posible vivir sin miedo o sin miedo al dolor, sino que, en efecto, vivir sin miedo (coherentemente claro) implica vivir sin espíritus, sin extraterrestes pero también sin sobreactuaciones, sublimaciones, musas y campanillas. No se puede tener todo.

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