viernes, 25 de marzo de 2011

Los miserables cantan rap

Hace unos días acudí a la mejor producción de los Miserables de Víctor Hugo de cuantas he visto (Mítico George diría aquí, ojiplático, ¡pero vaya cara! si sólo has visto dos...y yo añadiría...bueno sí, pero he visto algunas escenas más en varios musicales de instituto americano...osea dos más...) Es verdad, lo reconozco, exagero. En eso soy irreductiblemente del sur. Aunque un consultor diría, no obstante, que no falto a la verdad ni exagero, sino que "pongo en valor" las experiencias vividas. Pues a cuenta de la mendicidad y el talento trata el post. Metro de Madrid, 16:30. Regreso del polígono. Entra un chaval y comienza a rapear en plan improvisación. El tío es tan malo que no puedo contener la risa y me tapo la cara para que no se ofenda, me ve e intenta rapear sobre el modo que me apoyo en la mano pero no hila frase entera...tututu...se apoya en el anular...tututu...eeehhh...se apoya...tutututut....lleva medias marrones...oh yeah...ehhh...y regresaba a un bodrio refrito de espartanos, luchas callejeras y bufandas de lana. El pibe, sencillamente carecía del vocabulario y la rapidez mental suficiente para cotorrear sin mediar descanso. Pero él iba tan contento, de un lado para otro del andén moviendo las manos en plan Eminem mientras que los señores mayores que había sentados enfrente alucinaban en colores preguntándose en que momento iba a decir que se drogaba y que necesitaba ayuda urgente de los servicios sociales, hacia donde ellos, buenos cristianos le acompañarían encantados..."la va a cantar entera" decía ella sin saber que la trova-basura no tenía fin. Pero el tío era feliz e iba de vagón en vagón como exultante, repasando y ensayando nuevas metáforas con las que epatar al personal. Entonces, una metáfora comenzó a flotar en el aire, el mundo es de los audaces y nada, salvo el pudor, puede impedir que uno se sienta artista en medio del cosmos. Y otra cosa más, hay algo maravillosamente irresistible en esa capacidad humana de decir "aquí estoy yo". Es ese impulso que los psicólogos llaman autoestima y que convierte la torpeza de los gallos mañaneros y el desafine contumaz en un alarde de dignidad que hace que las personas parezcan más valiosas y más altas. Igual que Los Miserables revolucionarios de Víctor Hugo estos nuevos clochards de underground nos dan una lección diaria de prosa poética, a falta de talento, por la vía del amor propio.

2 comentarios:

  1. Me parece interesante leer el punto de vista de una persona ajena al hip hop y siento que te tocara escuchar al típico rapper de batalla de gallos.
    Algunos tenemos más talento que otros, pero no hay duda de que ese chaval le echó valor, y al fin y al cabo de lo que se trata es de expresarse con esto, sin formalidades ni barreras de por medio, como hace un escritor de graffiti.
    Para terminar resalto que autoestima no nos falta, a mi por lo menos no, mi grupo de rap se llama Miserables y he encontrado tu post buscando nuestro nombre en google, jeje.
    Un saludo

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  2. Qué curioso. Me alegro de que la casualidad se haya traído hasta aquí!!! En efecto el tipo era malísimo pero tenía muchas ganas y mucha dignidad. Lo cual es mucho decir en los tiempos que corren, de fatuos y grises.

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