martes, 9 de noviembre de 2010

Las naciones circunstanciales

"Pon a un grupo de personas en un espacio limitado y con el tiempo se sentirán como una nación" Amelia Mor

Parecería exagerado sostener cátedra pero parece evidente afirmar que el hacinamiento crea vínculos. Compartir espacio diariamente, si quiera en un autobús, hace que cuando veo aproximarse a Caradeajo hacia el fondo donde yo me encuentro, me entren ganas de darle dos besos.
Lo mismo que en las familias, las tribus y las naciones, la comunidad del 14 es un experimento colectivo de simpatías, indiferencias y mero cruce de vidas. La sola circunstancia de coincidir unos kilómetros de viaje nos acerca. La existencia del otro no nos es enteramente ajena.
Entonces nos termina interesando (quizás sólo a mí en plan friki) lo que lee Estrella (la cooperante parlanchina) en concreto el Le Monde Diplomatique en español y hasta nos inquieta el hecho de que se pase de parada de puro despiste o algo peor, que desconozcamos su verdadera parada o que quizás acuda a una conferencia esa mañana y nosotros seamos realmente, totalmente ajenos a su vida y a su agenda.
Mi mente fabuladora no consigue sin embargo inventar un destino para Nadia, la joven gélida de ojos felinos: recepcionista robótica, peluquera, dependienta de una tienda de vinilos...se me escapa, no así el olor aún templado del cuello de Caradeajo, destilando el calor de hogar de su batín oriental, casi viendo humear su té inglés mientras escucha muy bajito Radio Nacional de España.

4 comentarios:

  1. "Despendienta" es un hallazgo. No se sabe si es una dependienta que cuida poco su peinado (¿o quizá es una peluquera moderna? o si la están a punto de despedir: trabajando en una tienda de vinilos, ya se sabe. Un abrazo.

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  2. jajajaja, me descojono Wonka, eres un crack de la revisión de wording!!! Ya me conoces, yo pienso (por lo menos!!!) pero revisar, revisar...no reviso, jajaja

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  3. el caso es que hablas de Caradeajo mucho más que de cualquier otro ser humano... es como cuando yo hablo del jefe-bobo, todo el día con el jefe-bobo en la boca.

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