viernes, 13 de abril de 2012

Maestros de la obviedad

Cuesta infinitamente atar los sutiles cabos sueltos de las relaciones humanas, de la política y muy especialmente de la historia. Ayer viendo un documental sobre el periodo de pre-guerra y segunda guerra mundial algo minaba mi capacidad de horror, que no es mucha. Algo se rompía y desgarraba, un miedo mayúsculo al hombre normal y sus estrategias de muerte basadas en las leyes de la historia o la naturaleza como sostenía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.
Pero me cuesta menos comprender que aquel espanto no fuera previsto por la mayoría.
En el mar de informaciones y dudas en que nos movemos se generan debates y tesis doctorales, conversaciones de barra de bar y pausa para el cafelito. Opinan unos, refutan otros. Poco se parece a la verdad. Casi nada se sabe hasta al final.
Cada tanto aparece alguien capaz de ver en esa distancia turbia y confusa y plasma escenarios, abiertos y alternativos, probables, razonables en el mejor de los casos. Toda sociedad cuenta con pocos sabios de amplio espectro como para mí es el sociólogo Víctor Pérez Diaz.
Pero también hay, y no conviene infravalorarlo, maestros de la obviedad capaces de pronosticar con rapidez lo cantado, lo evidente.
Ambas cualidades no suelen converger en la misma persona que por decirlo coloquialmente juegan en distintas ligas.
Así suelen existir unos pocos intelectuales profundos que desentrañan con complejidad las causas de los acontecimientos y también unos cuantos hombres con la clarividencia de un sabio para comprender lo común. Hombres que simplemente saben quien es el malo de la película, quienes están a punto de separarse, quien es gay aunque no lo sepa ni su madre y quien se acuesta con quien al final de la peli.
Talentos incompletos quizás pero en ambos casos admirables e imprescindibles por cuanto anticipan en pocos segundos lo que a otros nos ocupa la reflexión de toda una vida. Porque lo peor en esta vida no es la dificultad de atar cabos, sino carecer de la capacidad de hacerlo.
En uno y otro caso, los tengo cerca. Al maestro sociólogo porque le sigo desde veinte años y al maestro del comportamiento del hombre común porque me casé con él.
Iluminada voy pues por tanta luz. Como decía Robe en su canción: "Lo tengo todooo"....

1 comentario:

  1. YO ME QUEDO CON EL MAESTRO DEL COMPORTAMIENTO DEL HOMBRE COMÚN, SEGURO QUE ESTA MUCHO MÁS EN ESTE MUNDO QUE EL OTRO.
    BESOS GUAPA!!

    ResponderEliminar