jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi primera vez

Apenas si podía ya mantener la boquita cerrada, las ganas cerradas, el corazón cerrado. Estaba impaciente aunque contenida, con apariencia casi monacal, inhibida sí, pero también ansiosa. Como decía aquel poema: con apariencia de paz y párpados mecánicos.
Andaba, en realidad, desesperanzada pero con Pepito Grillo diciéndome, anda tonta, qué son unos años más...ya encontrarás tu camino.
Por fin, la justicia cósmica se había revelado. Y hoy estoy aquí, en mi primer día de trabajo en Toledo, montada en un tren, como si todo hubiera sido tan sencillo como yacer en el lecho del amante. Anda que si le hubiera puesto otro título al post lo habrías leído...
En fín, viajo de espaldas, como el cangrejo que soy, fuerte por fuera, jugosa y blandita una vez que se logra romper la dura carcasa.
Vuelvo a mirar Madrid cuando me alejo, los jardines verticales, los viejos polígonos asfixiados entre apartamentos, grafitis y vías muertas y esos edificios industriales tan hermosos, recuerdos de una siglo XX entre trazos de un XXI que juega a encontrarse a sí mismo.
Serena y dispuesta siento que será una primera vez muy familiar. Mi primera cola en el control de acceso, la sucesión de secarrales, Parla a lo lejos, olivos y campos de cal. Mordor, en el distante skyline, parece poca cosa. Adios, no me esperes.
Voy por mi camino, mirando al infinito, entre flashbacks del transcurso de mi vida por la alta velocidad española, en un vagón enteramente lleno de guiris, consciente de que, algún día recordaré esta, mi primera vez entre los sembrados de la vega del Tajo.
De repente, deslumbrante, la catedral de Toledo emerge como la atlántida de entre la cebada.
Ya estoy aquí. Y os lo contaré todo.

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