lunes, 9 de mayo de 2011

Relato corto en tres tiempos: Los ojos de Carol

Sus pupilas titilaron unos segundos, de forma similar a las estrellas de noche, como si temblaran fugaz, casi imperceptiblemente mientras hablábamos de un relato de un poeta sobre un vagabundo. Entonces enrojeció de súbito, tal y como solía ocurrirle de pura emoción. Las mejillas subieron de tono, las orejas se le encendieron y hasta el blanco de los ojos, como ensangrentados de pena se volvieron teatralmente iluminando el centro de la escena.
Yo la miraba sorprendida. -¿Qué te pasa? Le dije alarmada. Por instante creí que no respiraba. -¿Estás bien?-. Grité ante la duda.
Ella permaneció callada y compungida, disparando sus ojos contra los míos con la vana pretensión de lanzar con ellos rayos autoexplicativos.
–Estas llorando- comprendí finalmente.
-Sí.-confirmó escuetamente. –Este es un asunto que me supera-. Al pronunciar estas pocas palabras, supongo que se quebró la suerte de muro de contención que hubiera logrado construir en torno al asunto y dos lágrimas gruesas como acequias rebanaron sus sienes.
Carol se manifestó como una persona extremadamente humana, si es que la humanidad tenía límites o infinitos. Quizás por ello, la visión del mundo tal y como era le resultaba insoportable. Además, poseía una absoluta consciencia del sufrimiento ajeno, un nivel de consciencia que no lograban edulcorar ni el símil, ni la metáfora.
-Allí estaba hoy de nuevo…ese chico marroquí…hay tanta gente perdida…somos tan frágiles…pendientes de un hilo…pendientes de un empleo…pierden su empleo y lo pierden todo.- Carol deseaba en un modo pueril y grandioso, tener una máquina generadora de empleos que lograra poner fin a situaciones como aquella. Y la indignación se le atravesaba en la garganta pensando en los abusos del primer mundo, la explotación, el consumismo, la belleza en serie, la grisura de los no pensantes. Narraba así su historia entregada al dolor de saber que no podría cambiar las cartas marcadas de Muhmad.
El mundo no es tan hermoso, pese a todo. A veces no hay más posibilidad de plasmar la utopía que en canciones. El mundo es errático, dulce, incompetente, vivo o ciego, plagado de portales, cartones. Lleno de amor y sueños, lleno de vino, de trapos, de versos, de hallazgos, llenos de lágrimas y pupilas que titilan al abrir los ojos.

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