lunes, 11 de abril de 2011

Follar sin ganas


Dicen que la primavera la sangre alterna pero ¿y la astenia? Pocos reflexionan sobre los efectos de la astenia en la sexualidad. La astenia (del griego a: ‘no’, y sthénos: ‘vigor’) es un síntoma presente en varios trastornos, caracterizado por una sensación generalizada de cansancio, fatiga y debilidad física y psíquica. Esto, unido a una vida de pareja nutrida de capítulos de los Pingüinos de Madagascar y Dora la Exploradora, deja la pasión bajo mínimos. El otro día Mítico George se me quejaba indignado porque me puse a hacer payasadas mientras intentaba besarme. Lo siento George, me era imposible concentrarme. Una amiga me confesaba esos días que no soportaba que su pareja la entrase cada noche, que la acobardaba y bloqueaba tener que “dejarse llevar” por lo que la situación requería un inmediato cambio de roles en la que ella se reinventaba a sí misma y poco menos que tenía que disfrazarse de catwoman. A veces sirven unos vinos, a veces mejor que no…Estamos cansados, que le vamos a hacer. Y para colmo, la esquiva pasión está francamente sobrevalorada. Casi hay que recrearla obligatoriamente con atrezo y vestuario picantón cuando lo habitual es que exista únicamente en esos términos en el sexo fugaz, el enamoramiento primero y los dramas de libro en los que, como Romeo y Julieta, ciertos impedimentos estorban a la par de que estimulan el hipotálamo. Primero queremos ser padres y llegan los tiempos de técnicas de estimulación ovárica y sexo programado los días fértiles con meditación trascendental y reposo poscoital. Cuando finalmente procreamos llegan los tiempos de sexo los sábados a medianoche con madrugón poscoital y sesión doble de Mani Manitas. Ya sólo nos falta el tantra... Así las cosas, no hay quien se relaje bajo las sábanas. A las mujeres nos atenaza la presión de “que nos busquen” (y la mitad de las veces no nos encuentren) y nos pone más tomar la iniciativa, aunque lo hacemos menos veces de las debidas. Y ellos, pobres, que casi nunca flaquean pero están programados “en modo tío” se sienten ancestralmente obligados a entrarte aunque tengan que lidiar con intercadencias químicas, braguitas cómodas y agotamientos primaverales propios y ajenos. En definitiva, tras unos años de satisfacción por poseer un Ford fiesta en el que dar rienda suelta a la pasión resulta que el deseo se echa a dormir en nuestra cama anti-ácaros de doble refuerzo lumbar. El deseo se duerme pero damos un brinco cada vez que se menciona una palabra clave: follar. Apuesto a que los lectores de este post se han multiplicado por 3 sólo por el titulo...¿o no, pícaros primaverales?

2 comentarios:

  1. Heme aquí, un pícaro primaveral que pensó que se encontraría con otro tipo de fatiga.
    Me ha encantado Amelia, muy divertido y nada lascivo.

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  2. ayer un amigo homosexual confirmó que a ellos no les pasa eso de la fatiguita sexual con lo que la conclusión es que son las mujeres las perezonas. Chicas haceoslo mirad, anda....
    que con las amigas se os calienta la boca pero luego en el día a día mucho lirili y poco larala.

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