miércoles, 20 de enero de 2010

Saltan como liebres

A veces las palabras saltan como liebres. Aquella mujer mayor que me vendió un vestido gris años sesenta lo hacía como liebre campera, conduciendo a las palabras de salto en salto, de un lado a otro, de la cooperación al desarrollo a la reflexología podal, del carpe diem a la moda XL, de los robos famélicos al frio de algunos inviernos en El Escorial.
A veces las palabras resumen una vida. Ocurre cuanto una sentencia "soy feliz" o cuando otro asegura "me he convertido en una piedra". ¿qué podemos entonces añadir ante tan elocuentes palabras?
Azu, por ejemplo las emplea maravillosamente, las palabras. En cierta manera las amasa como pequeños gnoqui de patata, las redescubre de otros idiomas y las presenta a la sociedad hispánica tras un breve pulido que las deja sin una sóla arista.
Jorge, en línea, las rescata del olvido rural, esas sí, palabras como liebres más literales que metafóricas, de las que acaban recopiladas por seguidores de Delibes en libros titulados "gentilicios de los montes de cuenca", por poner sólo algún ejemplo.
Hubo un día en que mi hermano solía hacer malabares con las palabras que en sus manos centelleaban como naranjas o bolos brillando al sol en un semáforo cualquiera de nuestras vidas asfálticas.
Palabras, palabras, palabras, que llenan como liebres la habitación y se mueven lo bastante como para que me distraiga y logre, entre cabriolas felices controlar las ganas irrefrenables que desde ayer me entraron de comprarme esos maravillosos zapatos de Marc Jacops y de fumarme un pitillo.

3 comentarios:

  1. las palabras son hermosas. El amor a la lengua, el amor a la palabra escrita y hablada hace que las palabras fluyan juguetonas y cabriolescas y se independicen a veces del humano que las emite.
    A mí me tienen hechizada porque son mis puentes a las personas que quiero. las que se dicen, y las que se guardan.
    voy a hacerte prosélitos, si te parece

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  2. Resulta complejo peinarse
    cuando llevas cosidos
    mil versos
    en la testa.

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  3. Hazme prosélitos anómina mujer, no te cortes ni un pelo.

    Pero tú MC, ya sé que llevas el pelo cortito para no parecer un rastafari con los versos colgando.

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