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Me importa un camino

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Me doy la vuelta, inside out. Giro por completo la piel, que queda mirando las clavículas, las vértebras y las costillas. Por fuera me adornan ya un diafragma en tensión unos pulmones ansiosos un corazón. Soy tan soy ahora como fui al revés. Tanto y tanto soy en todos los planos. Costras y corazas cayeron. Porque el miedo dejó de ser excusa y parapeto. Me lo dijo un adivino hace años: cuando tu energía se ordene volarás. Por eso ando mudando las entrañas cambiando la luz el foco. Reconquistando la esperanza con alas en paz porque me importa un comino porque me importa tanto y tanto hoy el camino.

Los viajes del corazón

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¿No os pasa a veces que el tiempo da una vuelta a la manzana y os encuentra en el mismo momento existencial de hace unos años? ¿Que la vida está ordenada/desordenada en ciclos de entre 5-7 años de ir y volver? Son los viajes del corazón. Cuando una relee sus cosas, a menudo pasa que recompone hilos o que observa el movimiento pendular de algunos pensamientos, oscilando lentamente, de la pasión a la apatía, del activismo al exilio, de los sueños al pragmatismo para comprobar que estuvimos, en realidad, en todos esos lugares. Vuelvo a traer el post porque me viene como anillo al dedo y le pongo, esta vez, banda sonora: Tengo ganas de perderme en el Botánico. Mayo de 2011 Tengo ganas de perderme en el botánico. Supongo que es una fantasía recurrente, un fetichismo de libro. Le pasaba a Belén Gopegui en la  Escala de los mapas  con la manija de una ventana...así que lo mío es cosa sencilla. Mi intención es sumergirme entre los macizos de boj y permanecer allí muy quieta hasta...

Galopar con saturno

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¿Quien piensa en Saturno y le perdona el festín parricida? Quien piensa, pobre, como el escorpión de Esopo, no podía evitarlo... Yo tengo la certeza de un Saturno voraz que se come, -tic tac-  los niños crudos. Saturno con su afán, -tic tac- de hacer balances. Amigo Saturno escucha bien lo que te digo, esta vez -tac tic- voy a galopar sobre tu lomo. Y a atravesar, -el tiempo es relativo- con gozo atómico tus neutrinos. Esta vez, voy a sonreír viejo astro. Voy a ser feliz a borbotones yendo, de lado a lado, con mi lápiz en la boca feliz como Elsa Punset feliz como el demiurgo de los horóscopos del ABC. Así que ¡gracias universo! Gracias por lo grande y lo pequeño Gracias por la vez en la playa en que deseé y me ofreciste mejillones con patatas y cerveza fría en bandeja de plata. Gracias por darme alas por vibrar a mi compás -tic tac, tic tic tac-

Pasa todo

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Pasa todo. A todas horas.  Todos los días, año tras año. De manera acumulada, operística. En esta época  como cargada de electrones. Pasan las muertes, antes extrañas  y la vida, esa voz en off  del gran amor rellenando silencios. Y pasan las guerras, las bodas, los partos. Pasan las crisis, los cambios,  redundancia griega, los cambios de sexo, de piso, de gobierno. Pasan, de pasada, las pausas, mientras vemos nuestra historia, frenética fotogramas a fotograma. Convencidos de que hubo un tiempo tranquilo. donde solo pasaban las pequeñas cosas  que importaban. Los novios y las novias, las resacas, las noches  por Madrid en La Paloma y Malasaña. las notas, los libros, los viajes, las miradas. Y lo demás era un atrezzo transitorio. Espejismos de tiempos sin guerras, sin crisis, sin cambios. Ajenos, como éramos, a todo eso que pasaba  mientras todo pasaba.

Llueve en Madrid

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Llueve en Madrid de forma vulgar, como dirían los belgas, un día cualquiera: no llueve casi. La vulgaridad se expande como la niebla y todo lo cubre las corneas, los ventrículos las fachadas, los tejados, las aceras. Madrid se entumece, se deprime se troncha triste. En un ataque de lumbago, se echa la mano al lomo, abatido. La juventud no es ya más promesa utópica ni felicidad de párvulo el  puella amat rosam de las doncellas. Un Madrid en tecnicolor hortera postmoderno, y por ende, Ciclotímico Amargado Confundido en la frustración de niño pera de extrarradio. Cuando llueve así, como dirían los Belgas, un día cualquiera no hay terapia que enderece nuestras almas de sol nacidas ni esperanza que proclame la primavera.

Origami

Estar a solas y preguntarse si escogimos los pliegues o fue como dejarse llevar. Descubrir las curvadas aristas. Ir y venir. Doblarse. Una y otra vez. Al dictado de una fuerza centrípeta un factor de retención un anclaje. Y al tiempo, a una idea voladora -un com-pás- que viaja hacia fuera y por lo alto. Conmigo, en mí, ambas fuerzas. Papiroflexia en diálogo. Ir y venir. Doblarse. Hojas plegadas entre fuerzas contrincantes garzas volando, molinillos, cometas y un poso de dureza para decir, de tanto en tanto, basta. Basta. La  libertad para decir, yo fui doblando las esquinas. Yo sola. Porque eso hacemos los poetas sin oficio. Doblarse, una y otra vez, como un origami.

Convénceme tú

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Convéncete. Llevo amándote cada día, religiosamente. Convocando tu nombre, hasta el punto, de haberlo usado como contraseña de inicio. Reenumerándolo, con afán devoto, cada 14 días antes de que expirase, no mi amor, sino las letras con que te digo. Mi amor es, de una generosidad patológica. Tal vez, de hecho, sea mi amor excesivo, fanático, inmerecido. Porque tú, para ser sinceros, dejando ya a un lado la jodida postverdad  con la que todo lo envuelves, jamás me has convencido a mí  de merecer mi amor, en modo alguno. Me miras, eso sí, con cara de tener derecho. Simplemente. Como estas pretensiones modernas indubitadas. Derecho a decidir. Derecho a ser madre. Derecho a no ser madre. Derecho a ser amado por ti o a tener  la plácida vida asexual de un ciborg. Frente a tal imaginario existencial, yo, amor mío, quizás sea una pánfila, Es más, estoy segura de ser una pánfila de libro, Por no haber, inventado mis propios dere...