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La nueva vieja era

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Dicen algunos que ha empezado una nueva era. No sé si eso es cierto, empíricamente cierto o siquiera si es empíricamente posible validar dicho aserto o negarlo. Es como la   probatio diabólica   que hace recaer la carga de la prueba en quien no puede demostrar nada. No puedo hacer, por tanto, una aproximación cercana a la VERDAD pero si una reflexión confusa, incierta y plenamente subjetiva de esa supuesta nueva era en la que lo nuevo engulle a lo viejo pero en la que las madres trabajadores llevan al escaño a su niño colgado de la teta como las mujeres recolectoras del neolítico en defensa del derecho fundamental a la crianza con apego. Empezaré por el final. Estaba yo saliendo del Congreso y bajaba la carrera de San Jerónimo con una sensación de desasosiego, mezcla de esperpento y disgusto por una primera sesión constitutiva que parecía un circo de tres pistas y donde se olía más el tufo del rencor y la autosuficiencia que el verdadero aliento renacentista de un cambio ...

¡Eres español y lo sabes!

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A vueltas con la identidad individual y colectiva,  a una servidora se le van los pies con esta danza del absurdo que estamos bailando en los últimos tiempos.  En verdad es inevitable ponerse las alpargatas de bailar sardana pues no hay un minuto del día, de cada día, en los últimos meses, en que Cataluña no sea tema de conversación, tertulia, columna o viñeta. -Osti tú- que diría Eugenio (he pasado media infancia escuchando a Eugenio en la radio del coche de mi padre) es que la ocasión lo merece… Hoy recuerdo con cariño otros tiempos en que nadie hacia mucho caso al tema de Cataluña. Una vez, siendo yo profesora asociada de ciencias políticas (iba a poner mileurista pero entonces el sueldo no me daba ni para la mitad de eso) mi amiga Anita hizo una fiesta de disfraces en su piso compartido de la calle Marqués de Zafra. Se gestaba por aquellos tiempos la segunda versión del Estatuto Catalán y yo solía comentar la cuestión territorial con los alumnos. En esa fiesta le prop...

La belleza

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Estoy ahogada de queja, de laberinto. Me falta el aire, me paralizo, me petrifico. Me duelo en seco, sin lágrimas. Como una estatua de sal bíblica, visiones ajenas de desmoronamiento son mi paisaje. Ecos de plañidera mortifican a un país que no se quiere a sí mismo. Y mientras muevo los párpados -la única parte del cuerpo que aún lo logra- contemplo a la sirena que yace sin mar, las garzas sin cielo políticos con corbatas y maestros salvadores que son sólo plastas con jersey de bolas. La música son tambores y percusores propios del combate. El xilofón no vibra ya de tanta tirita de tanta herida. ¿Dónde fuiste a parar belleza? ¿Cómo sonabas? ¿Qué luz bañaba tu cuerpo? ¿Qué alas llevabas puestas, que no las recuerdo? Estás desenfocada, huera, deprimida, herida de campo árido, de alma seca, de parloteo vacuo de papagayo. Zaherida de buitres, ladinos, sin valores. Maltratada por monstruos mezquinos sin mirada. ...

Pienso luego voy en bus

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Me gusta ir en autobús porque puedo pensar  Literalmente abandono el mantra no pensante,  eso que hacemos los humanos de repetir escenas vividas  y sus encadenamientos  como ruedas de molino. Es eso lo que hacemos tantas veces,  repasar listas,  botones sin coser y yogures por comprar. Analizar lo escrito o leído o escuchado bombardeado  en las sienes como rayas de escaleras mecánicas adheridas a los ojos en el último escalón que engulle la tierra. Procesar, masticando la vida. Como un rumiante mastica la hierba. Pensar es otra cosa. Me refiero a pensar en lo que venga. O lo que ves. O lo que sientes.  Pensar sin red.Un aprendizaje de funambulista. Voy en el bus, con mi cuaderno y pienso. Acaricio los lomos de la Moleskine, -L´essentiel est invisible pour les yeux- como una pitonisa ante su cliente la esfera de cristal. Me siento importante.  No me ahogo en mi ni en la vida. ...

Sonrisa en una botella

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Daniel Luminius, pongamos por caso, iba sonriendo por la Avenida de Menéndez y Pelayo. No es que sonriera con fruición inusitada, de forma tan grotesca y teatral que fuera imposible no mirar. Tan sólo era una sonrisa común y corriente de esas que uno pone cuando piensa en algún momento feliz o conversación risueña sin pararse a pensar en el prójimo ajeno que le mira en plan marciano y se pregunta: ¿Y este que hace riéndose sólo? Lo cierto es que Daniel, de aproximadamente 33 años, lleva dos semestres recuperándose de las secuelas de un accidente de tráfico y el coma que le sucedió y le hizo perder buena parte de su función motriz. Razón por la cual pasea a diario y acude a logopeda y fisios semanalmente. Pasea a menudo y suele hacerlo con o sin su madre y siempre en compañía de un bastón y botas de treacking. Algún cursi diría que en lugar de 33 tenía poco menos de dos años con algún eufemismo del tipo "ha vuelto a nacer". Lo cierto es que su aprendizaje se asemejaba al de...

Medias, medianas y grandes hombres

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Ayer murió Adolfo Suarez...y bueno me disponía a escribir alguna reflexión a propósito de este hombre que logró lo imposible: convertirse en un referente a izquierda y a derecha...Me venían reiteradamente a la mente palabras como concordia, transición, consenso, centro político, elegancia, atractivo, libertades... En definitiva, si seguía el influjo de lo que había escuchado estos días no iba a decir nada que no estuviera ya manido. Articularía lugares comunes del político que vivió entre dos mundos y dos épocas y fue amado primero por todos y abandonado después por esos mismos, una vez que cumplió con su cometido de hombre bisagra. Lo cierto es que Suarez dejó en general un buen sabor de boca en casi todas las bocas y eso le valió que nadie dijera a su muerte otra cosa que todas esas cosas amables con las que empezaba el post. Pero resulta que otro periodista que como yo no tenía ganas de repetirse añadió una nueva idea, una perífrasis que permite entrar y salir del tema como a tra...

La buena vida

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Analizar las palabras medirlas, pesarlas recortarlas, vestirlas, desnudarlas. Pensar. Big. Small. Politics. Life. Leer entre líneas. Comer rápido en cantinas públicas. Esperar las decisiones de otros sus tiempos sus cábalas su silencio que no acaba. Esperar sus palabras para desmenuzarlas, recomponerlas, cortarlas, pegarlas. Decidir. Big. Small. plazos, enmiendas de enmiendas, más palabras. Comprender. Los malos días. Las razones de peso. Big. Small. Compartir, con empatía las horas, un trozo de destino duro y maduro con cierta dosis de afecto al prójimo. Con lealtad y inteligencia equilibradas. Eso quizás no sea suficiente al fin y al cabo. Tal vez sabe a poco en ciertas bocas de esas que se besan sin labios de esos que se juzgan sin tiempo Habrá que perdonarles. No saben lo hacen. En realidad basta y sobra. Porque es esa sin duda la buena vida. La buena vida que nos mantiene juntos en esta empresa temporal que es la vida. El amor a lo qu...