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Los prosaicos

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El recital de poemas de Igualando Versos me dio la entrada. Allí escuche canciones de Patty de Frutos que eran versos corridos cantados desde el estómago que ella se agarraba apasionadamente. Comencé a leerla, verla y escucharla. Es una mujer con talento, con una fuerza interior potente, apasionada. Y abrió también una puerta a la reflexión más distante que suelo emplear para entender mi entorno. Comencé a retomar el enfoque poético en el día a día. ¿En que consiste? en realidad en embellecer, desmenuzar, engrandecer las emociones, magnificar lo pequeño, hacer de la imagen el vehículo. Es una técnica sutil, casi artesanal que sólo es posible poner en práctica cuando nace de dentro. A mi alrededor, entiendo que por todas partes, predominan los prosaicos. Son gentes amables y bien educadas o por el contrario secas y unidimensionales, pero por lo general, gentes que pragmáticas y resolutiva ocupan sin conflicto su lugar en el mundo. No pierden el tiempo contemplad...

Luz de interior

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Una cocina en penumbra que se parece a una noche de luna un zumbido de nevera, como luciérnaga de agosto. en la mano,  el cigarrillo mentolado que me dio Juana, esa mujer sufriente que no quiere morir más. En mi mente la noche de recital poético para salvar una asociación que atiende a mujeres víctimas de violencia de género. Y me pongo a pensar en esas egolatrías diversas que conlleva ser poeta. Ser cuenco de ecos de historias que suelen ser la propia. Historias orgullosas, tiernas a veces casi crudas. Casi a oscuras, como ahora. Con unos pocos sublimemente ajustados destellos radiantes de color. Algunas cosas bonitas mezcladas con esa rutina intercadente y común que es también la vida, con sus péndulos de mezclar talento, batalla, clichés la imagen de uno exacerbada hasta lo obsceno vana esperanza o ganas de batalla esperanza de tener genialidad de ser única de comerse el mundo o de tener ganas muchas ganas de algo que esté a nuestro alcan...

Maestros de la obviedad

Cuesta infinitamente atar los sutiles cabos sueltos de las relaciones humanas, de la política y muy especialmente de la historia. Ayer viendo un documental sobre el periodo de pre -guerra y segunda guerra mundial algo minaba mi capacidad de horror, que no es mucha. Algo se rompía y desgarraba, un miedo mayúsculo al hombre normal y sus estrategias de muerte basadas en las leyes de la historia o la naturaleza como sostenía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo . Pero me cuesta menos comprender que aquel espanto no fuera previsto por la mayoría. En el mar de informaciones y dudas en que nos movemos se generan debates y tesis doctorales, conversaciones de barra de bar y pausa para el cafelito . Opinan unos, refutan otros. Poco se parece a la verdad. Casi nada se sabe hasta al final. Cada tanto aparece alguien capaz de ver en esa distancia turbia y confusa y plasma escenarios, abiertos y alternativos, probables, razonables en el mejor de los casos. Toda sociedad cuenta con poc...

Una mujer con posibles

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Ana es una mujer con posibles. No, no está forrada. De hecho descartad heredar de ella ni un duro pequeñas alimañas... se lo gastará todo en paseos por Centro Europa (cogiendo trenes a la espera de que le pase lo de " Before Sunrise " ) No quedará ni un duro después de infinitos atardeceres en malecones y proas de barco. Pero insisto, es una mujer con recursos. Cada día taconea sobre los lomos duros del miedo. Cada día taconea nerviosa y obstinada MENTE Despierta nunca deja las cosas a medias. nunca está quieta. Posee otros recursos de valor hondura e introspección ternura y empatía un look de como de cine negro y alas de cisne blanco para volar, como la de Oliverio . Ana ya no es la mujer refaelina un poco más Dietrich quizás ú ltimamente que comprende al fin que va como una bala al encuentro de lo mejor de sí misma. Buen viaje.

Petunia, hazme un sombrero

Petunia tiene la tez nívea, Su pelo, negro y brillante como de turmalina, oscila a la exacta velocidad de un diapasón cuando camina. De profesión: sombrerera modernista. Pintora de vocación, nunca terminó un cuadro porque, como todo el mundo sabe, lo difícil del arte, es un buen final. Idealista, vehemente, contempla a veces, desde una silla en mitad de la pista del circo el mundo como es cuando no se sueña. Para Petunia, comienzo y final, no son protagonistas pero suele detenerse en los matices que acaba prendiendo como pajaritos en un sombrero. By the way, ¿por qué no me haces un bonito sombrero? O mejor, vayámonos juntas a conducir por la costa pitando a cretinos a cazar mariposas. (te confieso que en el sombrero quiero alguna) A carcajearnos entre sorbo y sorbo con tu ducha pituitaria (capaz de distinguir pimienta y trufa blanca) a San Gimigniamo, Pasadena, Motril o cualquier otro lugar hermosamente soleado entre higueras y ropa tendida. Coge el hilo y enhebra sin tardanza boton...

Amar lo que queda

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Ahora sé que es posible volver a amar la tierra yerma, los olivos grisáceos del invierno, las pardas sombras y las tardes vulgares de Febrero. Que es posible amar con tanta calma tan calladamente a solas, sin adornos. Porque una ama ya lo que queda después de la batalla, los cuerpos dolidos y los péndulos, la rebeldía bienintencionada, la desorientación el aire cargado anterior a la lluvia. La cierta honra que uno espera conservar, cuando llegue la muerte. Y aquí me tienes, feliz, mirando estos campos varados sin oficio. Feliz en este país herido de muerte que una ama a pesar de todo. Sin idealismo de facultad. Con un amor, si acaso, de tercera edad, con un amor de amiga sin fanfarrias.

La verdadera historia de Caradeajo

Vuelvo al 14 y a sus habitantes. En las dos primeras semanas no coincidí con Caradeajo . Creía por un momento que se hubiera jubilado. Una mañana volvió a subirse al 14 a la hora habitual, vestida de Adolfo Dominguez y zapatos Geox. Se apoyaba con un sólo dedo, el pulsar, a una de las barras laterales para, como siempre advertí, no tocar toxinas o pieles muertas del prójimo anónimo. Y lo hacía de tal modo que resultaba acrobático, casi imposible, contener los envites del viaje con tan maña pose, propia de un funambulista digital. Dos paradas después de Emilio Castelar , justo donde siempre dije que se bajaría, se bajó, yo iba detrás, nerviosa por comprobar mis capacidad de adivinación, al menos de análisis antropológico. "Funcionaria de empleo" repetía como un mantra . El destino se ponía al descubierto y con él mi capacidad para adivinarlo. Tiró para el Museo de Ciencias Naturales. "Oh dios, es bibliotecaria , ¿como no pude verlo? Nuevamente viró calle arriba. Había e...