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Son cosas de guiris

Desde que he dejado la linea 14 de la EMT por el avant a Toledo mi paisaje ha cambiado totalmente. En lugar de los plataneros del El Prado vislumbro los confines de Parla. Es la periferia del poder, los andurriales de lo que algún día fue la corte. En fín, voy rodeada de guiris que, en viajes de estudios, escapadas románticas o cuentas pendientes con el mundo del viaje trasoceánico, se pegan una excursión de un día en Toledo para contemplar lo que un día muy lejano fue España y su imperio. En una de las vueltas, una mujer rusa conversaba con su amiga expatriada española. Las sitúo en algún tipo de cargo administrativo de la OTAN en vacaciones de septiembre. Ambas charloteaban amigablemente a mi lado y aunque hubiera querido no escucharlas, que no era el caso, hubiera resultado, en mi descargo lo digo, imposible. La rusa portaba un saco de regalos adquiridos de la etapa toledana y los iba sacando de las bolsas, uno a uno, para deslumbrar a la hispana, en esos alardes tan rusos de jacta...

Mi primera vez

Apenas si podía ya mantener la boquita cerrada, las ganas cerradas, el corazón cerrado. Estaba impaciente aunque contenida, con apariencia casi monacal, inhibida sí, pero también ansiosa. Como decía aquel poema: con apariencia de paz y párpados mecánicos. Andaba, en realidad, desesperanzada pero con Pepito Grillo diciéndome , anda tonta, qué son unos años más...ya encontrarás tu camino. Por fin , la justicia cósmica se había revelado. Y hoy estoy aquí, en mi primer día de trabajo en Toledo, montada en un tren, como si todo hubiera sido tan sencillo como yacer en el lecho del amante. Anda que si le hubiera puesto otro título al post lo habrías leído... En fín , viajo de espaldas, como el cangrejo que soy, fuerte por fuera, jugosa y blandita una vez que se logra romper la dura carcasa. Vuelvo a mirar Madrid cuando me alejo, los jardines verticales, los viejos polígonos asfixiados entre apartamentos, grafitis y vías muertas y esos edificios industriales tan hermosos, recuerdos de u...

El movimiento invisible

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No se ve pero existe. Igual que la fantasía de esperar a que florezca un brote o nos crezca el pelo. No se ve pero crece. Lo mismo que cuando tomamos determinaciones o aprendemos el padrenuestro . Ignoraremos el comienzo del proceso y su final, pero algo habrá cambiado. Cuando nos movemos hacia ese destino, que no es el " fatum " griego sino nuestra senda, sea cual sea, nos movemos paso a paso hasta él. Con el tiempo incluso aprendemos a percibir las señales de ese movimiento invisible que nos lleva hasta el sitio exacto en el que nos encontramos. A veces, en cambio, parece tan lento que se asemeja al inmovilismo y la desidia. Un día estaremos ya allí y descartado el teletransporte se tratará de una motricidad voluntaria y dirigida: una conquista personal. Entonces, quizás, tendremos la sensación de que hemos llegado con una facilidad pasmosa mientras dejamos detrás las dudas, la impaciencia y la desesperanza . Tal es el lento y sutil movimiento humano hacia el cam...

Viento de levante

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Si es cierto que hay cosas que se las lleva el viento, espero que se las lleve este viento de levante. Que se lleve las matrices y los mapas, que se lleve los recuerdos recurrentes de mi desencuentro laboral de los últimos años y esa secular sensación de fracaso de pacotilla. Lo demás, que es mucho, amarrado a mi estructura como un mástil se quedará: los juegos felices de los niños, bronceados y alegres en camas elas -tí-ca- tas , las dunas salvajes bajo el atardecer de Zahara ( shiiii que no se entere nadie), la música indie sonando en el chiringuito "Los sueños" , canciones que conozco de memoria sin saberlo, los revival de Oasis, Cold Play o los último de Russian Red. Permanecerán los cabellos revueltos del mítico con su torso de gladiador espartano y su terrestre sentido de la trascendencia. Javi jugando a las serpientes con las hojas de un pinsapo y Sara hablando con sus juguetes ajena al mundo, al olvido y al viento. Que se lleve todo menos lo importante. Po...

El tránsito de mi cuerpo en la puerta giratoria

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Hoy es otra puerta, otro día, otra década, otro edificio más alto, con más ascensores, otro distrito, otra luz, otro cielo. Pero el mismo cuerpo poroso en exceso a merced de la misma sustancia nociva, la misma injusticia y la misma parsimonia con la que engullen nuestras almas (si es que tal cosa existe, que diría Comeanises que no, y yo diría que ojalá que sí). Lo pensé la primera vez que me aposté frente a la puerta giratoria de una torre similar, con similares habitantes y normas y portátiles al hombro, hace años, mientras esperaba a Elena apoyada en un coche y desconocía por completo las reglas que años más tarde me habrían vapuleado sin asomo de duda. Y ya entonces sabía con rotundidad que no era mi sitio. Ahora, como una hormiga cargada de razones y de la exultante dignidad de los pequeños, me detengo a observar mi próximo despegue. Obligada por la sombra del rechazo a inventarme otro mundo, tomar carrerilla desde los confines de mi experiencia, que es más larga, más rica, má...

Mi vida sin el 14

Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de despedirme de Caradeajo. Menos mal que, de vez en cuando, me la topo en el supermercado para comprobar algunas obviedades de su perfil, que toma mucha fibra (la necesita), bebe leche de soja y mantiene su cara de ajo hasta cuando despliega el flexo solar en su clase de Brikan yoga. Pero ya nunca nos vemos ni puedo jugar a ser la Carrie Bradshow del 14, entre otras cosas, porque ya no viajo en autobús sino en metro con destino al pequeño, ventoso y más pueblerino Manhattan madrileño, apretada como sardina plebeya, con gentes en chancleta, bolsa en bandolera y pantalón pirata, señoras con el bolso agarrao y en general, auténticos desconocidos sin una historia evidente que intuir y contar. Porque yo, aunque dotada genéticamente para la fabulación necesito pasar algún tiempo con mis personajes… Digo esto, en el momento en que la horda se desborda en el andén de Sainz de Baranda y entre los claros, en diagonal con mi asiento, diviso a mi amiga A...

No me etiquetes más

Suena a Jacques Brel y su ne me quitez pas pero es sólo una onomatopeya con idéntica voz desgarrada desde los confines del alma. No-me-e-ti-que-tes-más , diría Jacques desencajado, con el rostro enrojecido de urgencia y desesperación. Te lo pido por favor (y todos sabemos y por eso se lo enseñamos a los niños, que lo que se pide por favor no puede negarse), concédeme el don de la entropía, déjame ser una amalgama de cualidades no siempre bien engarzadas, pura contradicción, una outsider, si es preciso. Déjame ser lo que sea, sin etiquetas. Se lo digo al prójimo genérico, a quien quiera oírlo. No me digas que tengo que ser solidario y sostenible y de izquierdas en un mismo pack. No me digas que tengo que ser agresiva pero conciliadora. Que si lesbiana, moderna y guerrera, que sí gay extrovertido y escultural. Que soy mayor si no sigo a los Black Eye Peas o David Guetta o sí reconozco a los payasos de la tele y me se me de memoria las canciones de Mecano. Que tengo que ir con mi pegatin...