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Momento estelar

Es frecuente que un paralelismo haga arrancar una reflexión. Es este caso la alineación planetaria es a los planetas y la previsibilidad de sus órbitas como el 14 a la posibilidad de que coincidamos casi siempre las mismas personas a las mismas horas. Así, cual alineación planetaria el 14 ha reunido mágicamente, holísticamente a muchas de sus estrellas en un mismo viaje. La primera estrella es Estrella, la cooperante parlanchina, sentada frente por frente a María-Malaspulgas, a su lado la peripuesta mujer san bernardo y justo detrás la inclasificable mujer felina. Hoy no están ni Caradeajo ni el hombre san bernardo de gran porreta (hoy he fabulado un poco más sobre él y "he percibido" que era natural de Badajoz pero habría estudiado derecho en Sevilla, y tomado muchas cañas por el centro, y en seguida se había sacado la plaza de secretario judicial, tal y como hacen los buenos hijos de provincias para salir de ellas, y comenzó a trabajar en un juzgado en Colmenar Viejo y lueg...

Las naciones circunstanciales

"Pon a un grupo de personas en un espacio limitado y con el tiempo se sentirán como una nación" Amelia Mor Parecería exagerado sostener cátedra pero parece evidente afirmar que el hacinamiento crea vínculos. Compartir espacio diariamente, si quiera en un autobús, hace que cuando veo aproximarse a Caradeajo hacia el fondo donde yo me encuentro, me entren ganas de darle dos besos. Lo mismo que en las familias, las tribus y las naciones, la comunidad del 14 es un experimento colectivo de simpatías, indiferencias y mero cruce de vidas. La sola circunstancia de coincidir unos kilómetros de viaje nos acerca. La existencia del otro no nos es enteramente ajena. Entonces nos termina interesando (quizás sólo a mí en plan friki) lo que lee Estrella (la cooperante parlanchina) en concreto el Le Monde Diplomatique en español y hasta nos inquieta el hecho de que se pase de parada de puro despiste o algo peor, que desconozcamos su verdadera parada o que quizás acuda a una conferencia esa m...

Funcionarios

Mi perplejidad es grande hoy, descubro, ojiplática, que Caradeajo es una mosquita muerta. La que denominaré Malaspulgas ha hecho su entrada triunfal como personaje de este blog. La escena ha estado cargada de fuerza: al ser empujada groseramente por un pequeño hombrecillo de medio pelo se ha lanzado a defenderse del atropello en alta voz. Casi como una manifestante de primera fila ha denunciado “la brutalidad”. Little-low-cost-men se ha hecho el sueco, como si llevara unos cascos puestos. Malaspulgas le seguía con la mirada, es de esas personas que no consientes, literalmente, ser mínimamente agredidas. Le miraba enfurecida mientras buscaba las palabras…-“es indignante…el…el…papanatismo”. Me ha encantado. El Papanatas, que no es un viajero habitual sino uno de esos vagos con abono transporte que utilizan el 14 para ahorrarse un par de paradas de paseo, ha permanecido mudo, helado, como en el “pause” hasta que ha logrado bajarse del autobús. Sólo entonces, Malaspulgas ha seguido leyend...

Activismo retórico

Por razones que no vienen al caso, estuve ayer leyendo un discurso político. Mi intención era, como tantas ocasiones, analítica y el ánimo, el propio de esta nueva etapa de mi vida, libre y distante. La conclusión final de lectura: un tostón. Su estructura correcta, articulaba un par de ideas fuerza, una vinculada a la esperanza y otra a la convergencia. Nada nuevo, palabras envasadas al vacio (como una mermelada) de asesoría parlamentaria. Creedme, lo conozco bien. Nada de riesgo, pura corrección y la emoción del cauto, del funcionario… La mayoría de los políticos de hoy no emocionan so pretexto de huir de la fatua retórica o algo peor, del infame populismo propio de repúblicas bananeras. Sin embargo, la emoción deviene casi una obligación moral cuando uno vive en un país abúlico y acrítico que oscila del acomodamiento al cabreo sin mediar palabra, acostumbrado como está a olas y contraolas de indiferencia y frentismo. Emocionar con las palabras no convierte al orador en juglar ni al...

Anarquismo parental psicopatológico I

Los padres jóvenes solemos hacer muchas gilipolleces. Que nadie se extrañe, es un clásico. Pero resultan verdaderamente escalofriantes algunas de las variantes del ensayo-error en el que los papás y mámás estamos educando a los cachorros. En mi opinión, la más escandalosa de las escuelas de padres es la novedosa versión libertaria de lo que he convenido llamar "anarquismo patológico". Las claves son las siguientes: el padre defiende infinitos espacio de libertad para el niño que literalmente puede hacer todo lo que le de la real gana, tirar tierra a los ojos, comerse los mocos y también los juguetes (sólo en el caso de que sean de manderas nobles), tirar la leche por la mesa para salpicar alegremente suelos y paredes y empujar a primos, vecinos o desconocidos. Lo importante es que el/la neurótico/a del padre o madre esté mirando todo porque si no estaríamos ante otras versiones libertarias más moderadas, es decir, la libertad se refiere a la ausencia de control por parte del ...

Microbacterias y amor

Me desdigo, Caradeajo y yo no nos parecemos. No nos parecemos ni estética ni cósmicamente. Caradeajo es la típica neurótica refinada. No sólo no se levanta para cederte el sitio sino que en su lugar hace una cabriola insospechada (que resulta científicamente más cansada que una cesión clásica de asiento). Pero no sólo eso, le repugna tocar los asideros por lo que en vez de hacer tal cosa se reclina sobre el dorso de las muñecas con una suerte de desdén dieciochesco. Descarto, pues, en ella, cualquier tipo de comportamiento afectuosamente externo, ni la languidez de reposar la cabeza en el cristal para ver los plataneros pasar, ni esa coqueta pose de algunas mujeres de descasar el brazo golgándolo por la mano en las barras transversales. Cuando la miras sabes que va al mismo sitio de siempre. Me pregunto si cuando viaje a San Petesburgo lo mirará con la misma cara de siempre, si cuando recorra los arrozales de Laos pondrá la misma cara de ajo del que se siente rodeado de microbacterias ...
I know, I know, la evidencia clama al cielo, lo sé, -no pregunteis-, fue ayer, durante un capítulo de la serie infantil i-carly, una personaja (según Chomsky el lenguaje es innato y juro que esto me ha salido sin pensar...) va y dice: "lo bueno de mentir a menudo es que un día deja de doler". Y es justo aquí cuando empiezo a pensar, es verdad, lo niños no lo saben pero yo, que ya no soy una niña, sí lo sé. Como el barbudo con camiseta rollo mercado de fuencarral (o de L.A) que pudo escribir ese trozo de guión de i-carly o idéntica versión femenina, como dice un amigo materialista antisecesionista, tipo new age, atea pero que cree en extraterrestes y espíritus, que hace danza del vientre y escribe trozos de guiones de i-carly. Ambos lo sabían. Pero la clave no es el hecho de que ese tipo de información permanezca oculta para los niños, esto es, que es posible vivir sin miedo o sin miedo al dolor, sino que, en efecto, vivir sin miedo (coherentemente claro) implica vivir sin esp...