Un verso suelto
un poema hermoso,
tal vez
o unas croquetas efímeras.
Pues va queriendo llenar las pantallas del juego
con plenitud
Y sembrar con aquello jugoso
en terrenos ignotos
o fértiles y felices,
sin dueño conocido o de conocidos tiranos,
para cosechar allí
un fruto sabroso.
Para siquiera tener una conversación significativa
y conectar
un instante
y abrir el campo.
Cuando el guion es otro y el verso suelto se queda asi
colgón y prosaico,
en lugares donde no se aprecian
ni los tesoros ocultos
ni los hallazgos a mano
yermos de ojos que los lean,
en el ángulo muerto
en el ángulo muerto en vida de una Humanidad que no ve ya,
que ni mira,
ni de lejos,
ni de cerca.
Mientras el verso suelto contempla la obviedad de la escena:
la manera discreta de ignorar los raíles en el suelo por los que se mueven los personajes
los guiones manidos que no buscan la verdad porque la temen.
Porque el verso suelto ve los hilos de los muñecos y las manos bajo las faldas de los títeres
Y se preguntan si no habrá
otra forma más auténtica
de vivir.

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