Un verso suelto
El verso suelto compone sobre el lomo desnudo de la vida como un folio en blanco, un poema hermoso, tal vez un amor eterno o unas croquetas efímeras. Pues va queriendo llenar las pantallas del juego con plenitud Y sembrar con aquello jugoso en terrenos ignotos o fértiles y felices, sin dueño conocido o de conocidos tiranos, para cosechar allí un fruto sabroso. Para siquiera tener una conversación significativa y conectar un instante y abrir el campo. Cuando el guion es otro y el verso suelto se queda asi colgón y prosaico, en lugares donde no se aprecian ni los tesoros ocultos ni los hallazgos a mano yermos de ojos que los lean, en el ángulo muerto en el ángulo muerto en vida de una Humanidad que no ve ya, que ni mira, ni de lejos, ni de cerca. Mientras el verso suelto contempla la obviedad de la escena: la manera discreta de ignorar los raíles en el suelo por los que se mue...